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Origenes Del Pandero

un pandero sobre madera

Hoy en día, existen numerosos instrumentos utilizados en la danza en nuestras iglesias. Cuando buscamos en la palabra encontramos muchas referencias bíblicas de los instrumentos que los danzores, o  personas que danzaron en presencia del Señor utilizaban.

Otros instrumentos  más bien, podemos vincularlos en lecturas para-bíblicas con dioses paganos siendo utilizados para ciertos rituales, que rendían culto a estos dioses en la antigüedad. Este escrito tiene como meta,  iniciar una serie de artículos que nos hablen de los orígenes y referencias bíblicas de los instrumentos usados para danzar. Con este fin, iniciaremos con el pandero.

EL PANDERO

Cuando leemos el libro de Ezequiel 28:1-19, encontramos referencias de que al príncipe de Tiro (significando aquí Lucifer o Satanás) se le atribuyo poseer pandero cuando estaba en el cielo.

Lo que queremos observar de este relato,  es que Dios le habla acerca de “sus panderos”, tocados con la máxima excelencia, los cuales estuvieron “preparados” para él; como un regalo desde el día que fue creado. Esto es algo muy interesante, saber que un instrumento que utilizamos hoy día, tiene referencias claras de haber sido utilizado en el cielo para dar gloria a nuestro Dios, Padre todo poderoso.

CELEBRACIÓN DE VICTORIA CON EL PANDERO

Observando la historia del pueblo Hebreo, encontramos que el pandero era un instrumento muy común en todas las casas; y las mujeres lo usaban para celebrar cuando el pueblo salía vencedor en las guerras. Utilizaban panderos para celebrar las victorias sobre los enemigos.

A continuación vemos algunos versículos bíblicos que nos hablan de celebración en danza con panderos.

Éxodo 15:20-21

“Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó el pandero en sus manos y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. Y María les respondía: Cantad a Jehová porque en extremo se ha engrandecido; ha echado a la mar al caballo y al jinete”.

1 Samuel 18:6

“Aconteció que cuando volvían ellos de matar al filisteo, salieron todas las mujeres de Israel cantando y danzando,… con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.”

Jueces 11: 32-34

“Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en sus manos… Entonces volvió Jefté… a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas,…”

La guerra, el día de hoy, según la palabra en Efesios 6:12, no es humana sino mas bien espiritual,  ”Porque no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”  nos habla  acerca de una guerra espiritual, pero la característica principal de esta guerra, es que ya está ganada. La libro nuestro Señor Jesús  en la cruz. Así pues,  como no dar gracias con panderos y danzas por esta maravillosa victoria?

 EL PANDERO ES UN INSTRUMENTO CON EL QUE PODEMOS EXPRESAR ALABANZA A DIOS

Tocar el pandero es una más de las maneras que tenemos para bendecir a Dios por nuestra admiración de sus maravillas, de sus atributos, y por todo lo que es y hace.

Salmos 81:1-2

“Cantad con gozo a Dios… entonad canción, y tañed el pandero.”

Salmos 149:3

“Alaben su nombre con danza; alabadle con pandero y arpa a el canten.”

Salmos 68:25

“Los cantores iban delante, los músicos detrás; en medio  de doncellas con panderos.”

 DIOS DESEA SER ALABADO

Dios desea ser alabado con cantos, músicas y danzas. Si examinamos nuevamente el libro de Ezequiel en su capítulo 28, vemos que Satanás fue creado para adorarle, inclusive algunos teólogos piensan que era una especie como de director de alabanza en el cielo. El Señor lo creo con este fin, y esto nos da a entender que estaba en el corazón del Señor ser alabado y que esto le era de agrado.

Nuestra motivación para tocar no solo el pandero sino cualquier instrumento, debe ser alabar y adorar a Dios de una forma sincera y con una entrega total. De esta forma lo reconocemos  como nuestro Señor, y lo ponemos en primer lugar en nuestras vidas. Así mismo, damos ejemplo en la congregación, en donde tenemos la responsabilidad de ir delante del pueblo junto a todo el ministerio de alabanza, que incluye los cantores y músicos.

Estamos para ministrar a Dios, presentándonos a él para ofrecerle nuestro corazón, declarando su grandeza y hermosura. De modo que seamos “ejemplos de alabanza” para el pueblo.

Para ministrar tocando cualquiera de estos instrumentos  requiere de responsabilidad y conciencia, hacer un compromiso con Dios y con nuestros hermano, honrar el privilegio que tenemos de alabarle y adorarle.

No podemos obviar el hecho de que aunque la danza es para Dios, existe un público que nos mira y que procura ser guiados por nosotros en alabanza, por lo tanto nuestras expresiones faciales deben expresar lo que estamos haciendo (alabar).

Esto no se consigue de forma genuina ensayándolo delante del espejo, sino que desde nuestro interior brotara el gozo de Señor a medida que tengamos intimidad con él.  Cuando tocamos el pandero frente a las personas podemos producir efectos opuestos:

  • Motivar a los otros a cantar, danzar y buscar la presencia de Dios, que cuando nos miren deseen hacer lo mismo que nosotros estamos haciendo.
  • Distraer, dar un espectaculo vacio en donde solo se evidencia la destreza humana.

Si disponemos nuestra mente y corazón a exaltar su nombre, entonces estaremos expresando lo que le agrada al Señor, y por ende lo que ministra a su pueblo.

La alabanza con el pandero y la danza que se practica en público es algo muy visual de manera que debemos cuidar la imagen que damos. Debido a esa característica de ser “audiovisual”, es muy importante que cuando se haga de forma grupal, haya un sentir de equipo. Ello exige, además de la preparación personal, entrenamiento de grupo.

Es muy importante aprender a trabajar en equipo y ser obedientes a quien liderea el grupo. Debemos, aprender además  a amar y aceptar a los demás. Para ser parte de un equipo, tenemos que aprender a sujetar  nuestro “Yo”, en muchas ocasiones ceder  a nuestros gustos personales, o maneras de hacer las cosas. Si estamos dispuestos, Dios puede hacer grandes cosas en, y atravez de nosotros.

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